Que maravilloso no ser perfecto
- 21 ago 2016
- 2 Min. de lectura
A veces nos obsesionamos tanto en la búsqueda de la perfección que vivimos cuestionándonos y nos transformamos en los peores críticos de nosotros mismos; esto puede llevarnos incluso a centrarnos tanto en nuestras debilidades que perdemos la potencia de enfocarnos en nuestras fortalezas para desde allí expandirlas y te pregunto, ¿conoces a alguien perfecto? Seguramente no pero si debes conocer a personas que “se la dan de perfectas” y esto suele ser antipático ante los demás.
Quiero compartirles una investigación que se realizó sobre este tema que se llama el efecto Pratfall, efecto que se descubrió hace 50 años en una Universidad de EEUU (Minnesota), cuando un grupo de investigadores pidió a estudiantes que participara en un concurso de conocimientos. En el estudio a voluntarios se les dejó ver una grabación de un supuesto competidor que también haría la prueba. En realidad había cuatro vídeos, a pesar de que a cada candidato se le decía que era uno solo. Una de las cintas estaba grabada con un competidor que era absolutamente competente y que tenía un promedio de aciertos del 95%. En otra, el candidato era mediocre. La tercera cinta mostraba al mismo competidor brillante, pero se le caía el café y manchaba su traje. El último vídeo representaba la misma escena, pero esta vez con el candidato menos eficaz. Al final, las cifras probaron que el competidor eficiente que había tenido un accidente era quien más simpatías despertaba. Por el contrario, el que menos motivó a los demás fue el candidato mediocre que cometía errores.
¿A qué se debe esto? por una parte, la persona que comete errores la puedes sentir más cercana, capaz de cometer errores al igual que tu y esto te hace sentir empatía y, por la otra, dado el espíritu competitivo que parece estar presente en cada uno de nosotros, el sentir que la otra persona es perfecta puede afectar nuestra autoestima o no sentir que podemos confiar en ella porque seguramente algo está ocultando.
El camino más saludable es comprender que no somos perfectos, somos seres en constante evolución; cometemos errores y también tenemos la capacidad de aprender de ellos pero no desde una crítica destructiva. Podemos hasta reírnos de nuestros tropiezos, verlos en forma natural y compasiva y por supuesto continuar superándonos y, como siempre comento en mis artículos, en lo qué te enfocas se expande, así que yo decido enfocarme en mis talentos y fortalezas ¿y tú?













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