Habla de frente
- 13 jul 2016
- 3 Min. de lectura
De verdad que es la forma en que no solo me gusta que me hablen, sino la que considero correcta, eso de estar adivinando e incluso ser maltratado (a) por esos seres que no se atreven a decir lo que sienten y/o deben decir me resulta insoportable.... ¿y a ti?
El día viernes tuve una experiencia de este tipo, el aire acondicionado de la habitación de mi hijo dejó de funcionar por la repetición de una falla que había sido solventada tras el cambio de un repuesto que por supuesto cancelé, de modo que está en garantía; procedí a enviarle un mensaje por whats app en la mañana al técnico quien me contestó –Yo voy ahora- . Les cuento que al no venir, le envié en la tarde otro mensaje preguntándole que había pasado y no contestó, luego, como a las tres de la tarde lo llamé y me dijo que se había complicado y que si le volvía a mandar otro mensaje no iba a venir…
Ayer vino y le dije que no es precisamente que me fascine la idea de estar enviando mensajes, solo que se había comprometido conmigo y que puedo perfectamente comprender y manejar el hecho que le haya ocurrido algo o que haya tenido otra prioridad pero que difícilmente puedo hacerlo sin tener información.
Relato este ejemplo porque en muchas ocasiones forma parte del modus operandi de muchas personas que, por temor a hablar de frente, asumen conductas evasivas en distintos ámbitos de la vida donde me permito darte algunos ejemplos:
· La persona que desaparece de la vida de su pareja porque quiere poner fin a la relación y no sabe como decirlo
· Quien comienza a tratar mal a otra persona para que esta se aleje
· El vendedor que se oculta de su cliente para no decirle que no pudo cumplir con la entrega que se había acordado
· Quien se oculta de sus acreedores porque no dispone del monto pautado para cancelar
· Esa persona que está molesta o dolida contigo pero no te lo dice sino que cambia su comportamiento sin que sepas las razones
Y así por el estilo miles de ejemplos que representan conductas evasivas que suelen lastimar a quien las recibe.
Siempre he creído que es mejor una verdad amarga que una mentira dulce, con la verdad es más fácil manejarse, el ser sincero siempre es la mejor opción ante las situaciones de la vida. Ahora bien, y es importante aclararlo, no me refiero a esa sinceridad nociva que aparece cuando nadie la espera y ni siquiera es solicitada como transmitirle a otra persona nuestras percepciones negativas sobre su apariencia, como decir, que gordo estás o que flaco, que mal te queda ese peinado, etc., en ese caso aplica el “si no tienes nada bueno que decir, no lo digas”.
A lo que me refiero específicamente es a la honestidad que debe estar presente cuando no podamos cumplir un compromiso, no importa si la otra persona lo comprende o no porque se han visto casos de personas que responden de mala manera cuando les decimos la verdad, lo realmente importante es el mantener la integridad de nuestra palabra… es un tema moral, ético y que le permitirá a otros creer en ti porque les resultarás confiable, así de entrada se hayan enfadado.













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